El lado Héctor Raúl de la vida

Enero 30, 2007

Los cinco sentidos del Periodista

Archivado en: Periodismo — Héctor R. González @ 9:13 pm

422px-ryszard_kapuscinski.jpg En la introducción  del libro “Los cinco sentidos del periodista”, Oscar Escamilla  dibuja el físico y el alma de Ryszard Kapuscinski al describir nítidamente la personalidad del gran contador de historias.

Luego de puntualizar el atuendo que usaba el Maestro el día que lo conoció, refiere la mirada de  Kapuscinski: “Era una mirada cambiante, casi camaleónica”, escribe.

Narra que cuando durante una charla surgía una historia fascinante, esa mirada  se volvía de niño “y le centellaba de puro asombro”, sin embargo, cuando el Maestro se concentraba en sus pensamientos, su mirada adquiría “profundidad y fuerza”.

Oscar Escamilla, partícipe del taller para periodistas que dirigió  Ryszard Kapuscinski en  Argentrina (2002), no sólo fijó su mirada en la del maestro: los “diminutos pies” del autor de “El emperador” (1978) también le asombraron pues no podía concebir  que alguien “con unos pies tan pequeños transcurriera la mayor parte de su vida caminando por el mundo”.

En ese taller –explica Escamilla- Ryszard habló de la globalización; de los orígenes del Nuevo Periodismo; de las formas mestizas de relatar, donde todos los géneros parecen mezclarse; de la dignidad del reportero; del respeto hacia los entrevistados y del “doble taller”.

“Los cinco sentidos del periodista” es un libro que recoge los conceptos que ofreció el Maestro en ese y otro taller organizado en Colombia durante el año 2000 y de una conferencia que dictó en la Universidad Iberoamericana de México en 2001.

A continuación algunos extractos de “Los cinco sentidos…” que desde mi punto de vista, representan en gran medida la filosofía de este gran periodista.

Hace cincuenta años el periodismo era una profesión de respeto y dignidad que jugaba un papel intelectual y político.

El periodista era una persona admirada y respetada, inclusive, algunos de los mayores políticos del mundo contemporáneo iniciaron su carrera como periodistas, pero eso cambió en los últimos veinte años por la trasformación de las prácticas de nuestro oficio.

El periodismo escrito contemporáneo representa una reducida proporción del gran mundo de los medios. Cada día es mayor el número de los reporteros que se emplean en los medios audiovisuales.

A esas personas se les denomina “media workers”, trabajadores de los medios masivos.

Este trabajador es una persona anónima. Nadie le conoce y el producto final que crea no es de su autoría, sino que constituye el resultado de una cadena de gente.

En esta profesión se perdió el orgullo de lo personal, el orgullo que también implicaba la responsabilidad del periodista por su trabajo.

Los jóvenes periodistas que se desempeñan en la prensa escrita contemporánea van a trabajar en una civilización donde nuestra tarea  importará cada día menos por dos razones: porque es una profesión a través de la cal se puede manipular a la opinión pública y porque los mecanismos de los medios construyen un mundo virtual que remplaza el mundo real.

Con respecto a la creación de este mundo virtual, hasta hace treinta o cuarenta años atrás, hombre y mujeres conocíamos la historia que nos enseñaban en las escuelas y a través del relato de nuestras familias.

Hoy, con el desarrollo de los medios, vivimos en un mundo donde conviven dos historias simultáneas: la que aprendimos en la escuela o en  la familia y la que nos inculcan los medios.

El gran problema se presenta cuando esta acumulación de construcciones de los medios nos hace vivir cada vez más en la ficticia.

Convertida en una nueva fuente de la historia, la pequeña pantalla del televisor elabora y relata versiones  incompetentes y erróneas que se imponen sin ser contrastadas con fuentes auténticas o con documentos originales.

Los medios se multiplican a una velocidad mucho mayor que los libros con saberes concretos y sólidos y la gente común conoce la historia del mundo a través  de los grande medios.

Lo que nosotros hacemos no es un producto ni una expresión del talento individual del reportero. Se trata de una obra colectiva en las que participan las personas de quienes obtuvimos la información y opiniones.

Un periodista debe tener cualidades propias pero su tarea depende de los otros: aquél que no sabe compartir, difícilmente  puede dedicarse a esta profesión.

El periodismo se encuentra entre las profesiones más gregarias que existen y  sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, simplemente no existimos.

Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad.

Trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente. Con nuestras palabras, con lo que escribimos sobre ellos podemos destruirles la vida.

Por eso, escribir periodismo es una actividad sumamente delicada. Hay que medir las palabras que usamos y nuestro criterio ético debe basarse en el respeto a la dignidad y a la imagen del otro.

Nosotros nos vamos y nunca más regresamos pero lo que escribimos sobre las personas se queda con ellas por el resto de su vida.

El texto periodístico funciona en determinada ubicación y en determinado momento: existe un contexto de  la revista o periódico para los cuales fue escrito.

Los textos escritos hace tres, cuatro o cinco meses no tienen el mismo valor que el de ayer.

Así mismo, los lectores constituyen el contexto de un texto periodístico: al escribir nos debemos preguntar a quién va dirigido un artículo.

Nuestro oficio comenzó a cambiar como consecuencia de la Revolución Tecnológica que permitió transmitir la noticia de manera fácil e inmediata. Décadas atrás, lograr que llegara la noticia al periódico era en sí el tema para una crónica.

Normalmente el periodismo se hacía por ideales pero de repente se advirtió que la noticia era negocio y que permitía ganar dinero pronto y  en grandes cantidades.

Cuando el gran capital llegó a nuestra profesión dividió el campo de la noticia en dos sectores: los grandes multimedia y los pequeños medios marginados.

Hoy, al cronista que llega de realizar una cobertura, su jefe no le pregunta si la noticia que trae es verdadera, sino si es interesante y si se puede vender.

Así se ha trivializado el valor de la palabra.

Ahora la información es una mercancía bajo las leyes del mercado destinada a obtener una rentabilidad máxima y apuntar hacia el monopolio.

Los héroes del periodismo han sido reemplazados por un nutrido número de media workers.

El soldado de nuestro oficio no investiga en busca de la verdad sino con el fin hallar acontecimientos sensacionales que puedan aparecer entre los títulos principales de su medio.

El periodismo ha dejado de ser  una misión y muchas de las personas que trabajan en los medios lo consideran una ocupación como cualquier otra que bien pueden abandonar para ingresar a una agencia de publicidad o ser corredores de bolsa.

En el pasado, los medios se instalaban en edificios de segunda categoría y disponían de espacios estrechos y mal acondicionados donde se afanaban los periodistas mal vestidos y sin dinero en el bolsillo.

Hoy, un canal de televisión perteneciente a las grandes cadenas, ocupa suntuosos palacios llenos de mármoles y espejos que antes sólo ostentaban  los jefes de gobierno. En el mundo contemporáneo, tener medios significa tener poder.

A los periodistas se les da muy poco tiempo para recabar la información con que escriben la noticia o la crónica.

Si se quieren hacer las cosas bien, con la profundidad que requiere el ejercicio de esta profesión, hace falta contar con tiempo.

La disponibilidad de tiempo nos permite hablar con más gente, leer más documentos, observar y pensar más: trabajar en serio.

Resolver las cosas en poco tiempo conduce a la superficialidad y a la falsedad, desgraciadamente abundantes en nuestra profesión.

Actualmente, el periodista se halla bajo la presión de jefes que le dicen que si no tiene material de portada, lo sacan.

Felizmente, en la diversidad y en la paradoja de nuestro planeta y tiempo, hay espacio para muy buenos periódicos, emisoras de radio y programas de televisión.

El periodista, consciente de su labor, enfrenta una competencia dramáticamente más grave que antes, pero creo que un hombre ambicioso y esforzado, capaz de tratar a los otros como sus amigos y no como sus enemigos, puede desarrollarse y conocer el éxito.

En cada país importante, encontramos periódicos de altísimo nivel profesional. Ni un solo periódico de buena calidad ha cerrado hasta el momento a pesar del panorama que ofrecen los medios masivos.

Eso tiene una explicación sencilla: sus lectores son fieles.

El nuevo periodismo

Nació en la década de 1960. Norman Mailer, Truman Capote y Tom Wolfe, entre otros escritores norteamericanos, crearon este nuevo género que se dio a conocer con el nombre de New Journalism, porque luego de años de  trabajo, llegaron a la conclusión de que el lenguaje periodístico tal como lo concebían los diarios, no era capaz de reflejar la realidad en todos sus matices.

Aquél lenguaje es muy pobre, emplea sólo un promedio de mil palabras. Las frases del periodismo tradicional se limitan a construcciones muy conservadoras.

El objetivo de esos periodistas consistía en introducir otro lenguaje y otros medios de expresión.

La fuente a la que recurrieron en busca de recursos para hacerlo fue la literatura de ficción.

El nuevo periodismo  nació  de la comunicación de dos ámbitos hasta ese momento diferentes: uno de los acontecimientos y las personas reales que nutrían al periodismo  tradicional y el otro, las herramientas y técnicas de la ficción que enriquecieron la descripción de esos acontecimientos y personas.

No existen recetas fijas o técnicas preestablecidas para escribir periodismo porque no las hay en el campo de la creación y ahí está inscrito el periodismo.

Se requiere de una actitud individual creativa y de formas propias de contar y hacer las cosas: cada uno tiene que desarrollar sus propias maneras de encontrar los temas y las maneras  de expresarlos.

Todo lo que escribimos es sólo una aproximación. Nunca sentiremos que aquello que escribimos fue exactamente lo que queríamos decir. Siempre habrá un margen de decepción.

Hasta aquí con los extractos.

Afortunadamente hay espacios abiertos donde se aprovechan las cotas de libertad que a veces se generan por omisión o adrede.

En Morelos, en el periódico  La Unión”,   muchos de los buenos principios de los que habla  Ryszard Kapuscinski son reales y tangibles, y uno como periodista vive  y disfruta plenamente el llevar a cabo la profesión dedicada a contar historias, sin ataduras y sin complejos.

4 comentarios »

  1. excelente comentario y síntesis de Kapuscinski, sin embargo creo que hace falta; la explicación del por qué este gran autor propone tal título a su obra

    comentario por Jonathan — Marzo 12, 2007 @ 10:18 am | Responder

  2. buenos pensamientos la realidad es esa que ya la noticia se volvió mercantil y falta de credibilidad.
    pedro lara corresposal El Dictamen
    zona cañera de Cardel, Ver. Mex.

    comentario por pedro lara medorio — Septiembre 19, 2007 @ 9:16 pm | Responder

  3. este libro es excelente y me impulsa a leer los demás. Se titula los cinco sentidos porque el periosista debe ver y observar los hechos que ocurren a diario, oír porque es necesario escuchar lo que dice la gente, pensar ya que es indispensable para la redacción, razonar, estar para vivir los hechos y compartir para otorgarlos a los demas.

    comentario por diana paredes — Noviembre 20, 2007 @ 12:36 pm | Responder

  4. ESTA MUY

    CHIDA SU PAG SIGAN ASI NO CAMBN
    BYE SE CUIDAN

    comentario por MARIA — Enero 16, 2008 @ 4:25 pm | Responder


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